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Índice del libro

Cuando Panguito crecía feliz en la montaña, el pueblo de donde procedía fue arrasado por otra tribu guerrera proveniente de una lejana cuenca, que luego de raptar a las mujeres jóvenes, sacrificaron a las demás junto a los varones que no se sometieron. Solo se salvaron algunas personas, en su mayoría niños que lograron esconderse en la montaña; en el pueblo quedaron las almas en pena llorando al compás de un viento que silbaba una canción fúnebre, mientras las chozas desaparecían entre llamas. Sin imaginar la tragedia, el niño crecía con el amor de la Mamanchi que a pesar de su ceguera lo cuidaba sin problemas en la casita de raíces al pie de un centenario renaco, en pleno corazón de la selva. Algunos días se sentaban en la rama más alta de una lupuna, que es el árbol más grande de la selva, desde donde contemplaban la extraordinaria belleza de la montaña, y en las noches de luna llena, Panguito disfrutaba con emoción las milenarias y maravillosas historias que la viejecita le relataba; luego, el concierto mágico de los insectos entre otros animales nocturnos acompañaban sus dulces y coloridos sueños.

Pronto los días se hicieron años, Panguito creció sólo un poquito, pero su gran corazón de niño bonachón se mantuvo vigente. Cuando nuevas poblaciones empezaron a instalarse en el entorno del gran bosque, la necesidad de animales, maderas, hojas, sogas y otros insumos eran cada vez mayores, entonces comenzaron a tumbar más árboles y a cazar el doble, en algunos casos más de lo que necesitaban; la viejecita que en realidad era un hada mágica, madre del bosque, para salvaguardar la flora y fauna del lugar, decidió convertir a Panguito en el guardián del bosque; luego de confiarle su cuidado y administración, y para que cumpliese eficientemente su trabajo, reforzó sus habilidades concediéndole poderes mágicos; además lo rebautizó como “chullachaqui”, nombre que a él también le empezó a gustar muchísimo. Dejando el bosque en manos de su guardián, la anciana partió a otro lugar de la selva amazónica para seguir formando más protectores de la naturaleza como él.

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