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Índice del libro

El chullachaqui chanchero

Cierta vez, cuando tenía nueve años, viajé con mi abuelo a una chacra. Viajar con él era un verdadero reto. Mi abuelo conocía a la perfección estos viajes. Lo había hecho a diferentes sitios de la provincia en muchas oportunidades, tanto que mi abuela, su esposa, se sentía hastiada de que la dejara sola al cuidado de la casa y la familia, por cortos y a veces largos periodos de tiempo. En aquella ocasión, próximo a cumplir 72 años, sería el último que haría. Mi abuelo Ezequiel era un tipo alto, el pelo completamente cano, los ojos de color marrón claro, una nariz aguileña y una joroba muy pronunciada que se le notaba fácilmente.

Un día, de madrugada, mi abuelo me dijo desde la puerta de mi cuarto:

―Levántate, hijo, vamos, tenemos que salir de viaje.

Creo que, sin darme cuenta, no había dormido en toda la noche, esperando ese llamado.

―Abuelo, pero no es de día, todavía ―respondí, desperezándome.

―Pronto lo será, vamos, levántate, jovencito.

Luego, en la pequeña huerta que tenía la modesta vivienda de mis abuelos, estaba la “Blanquita”, una hermosa yegua de gran porte y pelaje blanco que mi abuelo ya había ensillado. La “Blanquita” era el animal más noble y dócil que hasta esa época de mi vida había conocido. Cuando tenía hambre se le oía relinchar en la huerta. Cuando me acercaba llevándole cascaras de plátano verde, su alimento favorito, movía la cola y la cabeza como agradeciéndome por atender su llamado. Luego, antes que le depositara su alimento en un canasto que mi abuela le había tejido, acercaba su hocico con pronunciada quijada a mi cuello y mis axilas inhalando y exhalando fuertemente para reconocerme. En seguida soltaba un suave relincho y se ponía a comer.

Aquella madrugada, la “Blanquita” estaba más despierta que todos. Al notar mi presencia en la huerta rápidamente movió la cabeza. Entonces me acerqué para que me reconociera y cuando lo hizo relinchó tanto que mi abuelo se acercó a ver qué pasaba y sonrió al verme que le estaba frotando la frente y el cuello.

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