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Índice del libro

Mi madre fue a buscar a Ricardo Vásquez para que sea mi padrino. Él también contó que sí había visto al chullachaqui; dijo que un día fue de cacería al bosque, y de pronto vio un hombrecito acercarse a él; al preguntarle si ya había cazado algo, él le contestó que no, agregando que no cazaría nada, porque él no le había pedido permiso, pues era su terreno. Cuando le quiso preguntar quién era, desapareció en un arbusto sin entrada. Entonces él se dijo “este es el chullachaqui”, y salió de ese lugar rápidamente.

Luego contó acerca de una señorita llamada Emélida Dávila, que una tarde fue traer agua del río en su huingo, y al ver que no regresaba, sus familiares comenzaron a buscarla de chacra en chacra, preguntando a los campesinos que encontraban por ahí. Al llegar la tarde se encontraron con unas personas que venían del camino que llevaba al pueblo de Aucaloma; ellos dijeron que habían visto a una señorita flaquita, que no sabían si era gente o espíritu porque se apareció de un monte, y que cuando la llamaron se escondió. Trataron de hablar con ella, pero corría sin miedo al monte. Todos los que la vieron contaban de distintas formas, lo cierto era que los familiares de Emélida pensaron que se trataba de ella y fueron a buscarla. La encontraron; ciertamente se trataba de ella, pero estaba muy asustada, por eso corría hacia el bosque porque no conocía a nadie. Tuvieron que acorralarla entre varios; ella se metió a un shapumbal y ahí lograron atraparla. Se encontraba diferente; parecía estar poseída por un espíritu maligno, pues hablaba y gritaba cosas como “¡déjenme sola!, ¡no me molesten!, ¡váyanse de aquí!, ¡ya no quiero ir!” Sus familiares la bañaron con agua bendita diciendo rezos; llamando a su espíritu que regrese porque decían que su alma se había quedado atrapada en el bosque y culpaban al chullachaqui, pero ella jamás dijo lo que vio en el bosque. Solo gritaba pidiendo que la dejaran en paz.

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