← Mis librosLectura gratuita
Índice del libro

1er lugar

Willian Édil Sánchez Cabrera

Seudónimo: Qilqakamayux

↑ Volver al índice

Las aventuras de Panguito

Hacer con el pie izquierdo torcido le había costado el rechazo de su propio pueblo; los que saben, dicen que su madre lo dejó al cuidado de una extraña viejecita ciega que vivía sola en la montaña.

En aquellos tiempos de luchas intertribales, el cacique de una tribu guerrera de nuestra vasta selva deseaba ver perpetuada su raza en una hermosa virgen que había raptado de una de las tantas tribus que venció con su poderoso ejército; sin embargo, a casi un año de convivencia, no podía cumplir su deseo. En muchas oportunidades, la sumisa joven fue encontrada sola en la montaña, llorando a raudales, ya que a pesar de los tratamientos de fertilidad con plantas mágicas de unas curiosas ancianas, no podía quedar embarazada y darle el heredero varón que tanto le exigía su consorte; además, temía las represalias de la tribu pues tenían por costumbre eliminar a las mujeres estériles, pues, según sus creencias, le quitaban la fecundidad a la tierra y a sus crianzas.

Antes que cumpliese el plazo otorgado para su destierro, y gracias a unas hojas aromáticas que encontró sobre la aleta de un árbol de renaco, cuya receta le fue revelada en sueños, la hermosa joven por fin pudo concebir. La esperada noticia corrió como río llocllado y fue celebrada hasta el tercer amanecer con participación de otras aldeas amigas. No era para menos, el curaca pronto tendría un sucesor con quien anhelaba seguir ampliando sus dominios, a pesar de que las profecías de los chamanes ayahuasqueros, que él se resistía a entender, indicaban que el primogénito de la doncella y quinta mujer del cacique guiaría a la tribu y otras poblaciones del sector para restablecer la armonía y resguardar un gran tesoro ancestral.

Luego de nueve meses de gestación, la parturienta fue acompañada por una experimentada comadrona a orillas del gran río, y pronto se escuchó un gangoso llanto; la partera no sólo confirmó que se trataba de un varoncito, también puso en alerta a la madre sobre la malformación congénita del niño. Antes de arrojarlo a las aguas como mandaban las normas de la comunidad en aquellos casos, lo amamantó y su conexión con la indefensa criatura se hizo más intensa, entonces decidió protegerlo con todas sus fuerzas, y suplicó a la anciana que guardara el secreto; pero se acortaba el tiempo para retornar a la maloca o tambo mayor, donde el cacique y su pueblo aguardaban ansiosos para celebrar la ishpa, fiesta tradicional en honor al recién llegado.

COPIA PERSONAL · ·
6 de 1005%