Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
Luego le seguían Ustico, Namer, Romax, Meillin, Resen, Ilamel, Oilim y muchos más, todos ellos con sus taras y diferencias físicas.
Al último llegaban a felicitar a la reina madre, las mujeres, una de ellas llamada Anarina, que parecía un tronco seco; de cabellos hermosos y labios bien definidos. Los senos los tenía todavía levantados, las caderas dibujadas; lo que demostraba que había sido hermosa en su juventud. Cada vez que se sentía cansada le pedía a Nador que le preparase su bebida afrodisíaca, con la cual volvía a rejuvenecer.
Itani era de tez morena, de cabellos largos color café que le llegaban hasta la cintura; de cara fina, manchada por la suciedad del viaje. De labios delgados, serios; ojos con pestañas largas; senos algo flácidos pero normales; de piernas largas bien formadas.
Asukana, era la más alta de todas, con el pelo largo de color del choclo; era una buena moza con dentadura blanca, labios carnosos, de ojos como de los animales nocturnos: brillantes, que miraban desconfiados por uno y otro lado, como si estuviera asustada. Su cuerpo, bien formado, instaba a mirarlo; el vello del pubis era abundante y del color de su cabello. Peleando era una fiera. Ella escogía a los hombres con quien aparearse, condición que imponía si querían seguir viviendo.
La mujer llamada Nosinzua era de piel amarilla, cara triangular con nariz chata, de ojos negros y cabello largo brillante. El vello pubiano lo tenía abundante, le cubría la parte alta de la ingle. Lo curioso era que tenía un mono negro puesto en su cadera que siempre estaba lactando el seno del lado derecho, y para colmo el majadero, de rato en rato soltaba el pezón y se volteaba a mirar a los reunidos pelando sus dientes en forma cachacienta como diciendo: “¡huy, qué rico!”
La fiesta había durado seis días, cuando la reina madre, cansada, dijo: “¡Ya basta, ya está bueno! Terminó la fiesta, vayan a descansar, pasado mañana nos reuniremos al mediodía y escucharé sus informes, ¡ála, ála!”, y se desparramaron a descansar.