Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
Una tarde, cuando toda la familia se acomodaba para cenar, llegó Álvaro, el hermano de la señora Lupe, mamá de Milkita.
―¡Masha! ¡Masha! ―se escuchó.
―Segurito es ese Álvaro ―dijo Lalito―, ese condenado desde la esquina ya se pone a gritar.
―¡Lalitooo! Te cuento pues, antenoche pues me fui a chapanear, ya eran las 12:00 de la noche y nada, ni un animalito quería entrar a mi trampa, cuando escucho ¡pum! Ay, diosito, dije ese rato, rapidito bajé del árbol, y en eso que me voy a querer recoger la presa, porque era un venado tremendo, vi una sombra que pasaba. Ese rato agarré la presa y, vamos, me subí al árbol como difunto asustado. Lalo... ¿habrá sido el chullachaqui?
―¡Ja! ―atinó doña Lupita― aura ya te ha querido asustar Álvaro, ¿cómo ya vuelta?
―¡Y qué más tío! ―preguntó Milkita.
―Tempranito he salido ya.
Milka retrocedió en el tiempo, pensando en aquel niñito que le saludó. Pero el tío Álvaro le dejó su mapachito y su aguardiente agradeciendo la caza. Terminando de cenar, la niña Milka se fue a descansar.
Al día siguiente algo inesperado sucedió: el papito Lalo amaneció con fuertes cólicos. Entonces la mamá de Milkita le llamó para que se fuese a su chacra a coger malva y unos cuantos limones, para así aliviar los fuertes dolores de estómago. Milka, ni corta ni perezosa, se fue rápido. Mientras estaba cosechando los limones, escuchó ese ruidito…
―¿Qué haces? ―preguntó ella, sorprendida.
―Hola…
―Hace años que no te veía ―le dijo Milka .
―Ah, ¡sí! Es que hace años que no venías.
―¡Cómo ya vuelta! ―y se rieron.
―Dime, amiguito ―le preguntó la señorita Milka ―cómo es que te encuentro de nuevo en este lugar.
―Ahh, bueno, yo vivo aquí, en el monte ―le dijo― si no me veías es porque no me necesitabas o simplemente no venías.
―¿Qué? ―le dijo Milka ―cómo es posible, amigo. ¿Cómo te llamas? ¿Qué es lo que haces?