Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
Con el pasar del tiempo, el cacique, que no había cesado en su búsqueda, logró encontrarlos. Luego, tras disculparse por su proceder del pasado, así habló a su hijo:
―Siendo aún joven me enamoré de una mujer que no aprobaba mi padre, la más linda que había conocido en mi vida. Nos amamos mucho, pero cuando mi padre se enteró me alejé de ella para siempre, pues no tuve el valor que tú tienes. Transcurrió el tiempo, conocí a tu madre, y el día que naciste un anciano se acercó a mi palacio con la intención de hablarme. Vi sus lágrimas, por eso lo dejé entrar. Este, ni bien estuvo frente a mí, dijo que su hija había muerto en el bosque, de pena. Y me apuntó a la cara, “¡maldito seas, tú tienes la culpa!”, me dijo. “El hijo de tu hijo nacerá deforme, será del bosque como lo es mi hija ahora”, pronunció e inició una danza siniestra, y al instante sus ojos se le pusieron rojos. Yo me asusté, tuve miedo de aquel hombre, de sus palabras, de que se enterase tu madre, así que ordené que lo mataran…
En ese instante se escuchó un grito del pequeño detrás de la puerta. Norima había estado escuchando escondida la conversación. El arrapiezo se precipitó de los brazos de su madre al suelo, se revolcó en la arena hasta despojarse de sus prendas, y empezó a dar brincos por todo el lugar. Su pierna más corta era de animal.
―Debemos matarlo ―intervino Norima―. ¡Es un monstruo! ―y empezó a perseguirlo con el fin de darle captura. El muchacho era veloz, saltaba, se escabullía. La madre fue tras él, sin imaginar que se adentraba en lo más profundo de la selva, corre y corre…
Después de una larga persecución, le dio alcance al fin, en el inicio de un bosque seco que empezaba a incendiarse. Para entonces ya no era una mujer sensata, la desesperación le había llevado a la locura.