Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
El joven se fue con las buenas nuevas a decirle a sus padres que ya había elegido a la mujer que iba a estar a su lado, a quien amaba con todo el corazón. Al escuchar eso, el cacique quiso conocerla.
Al día siguiente Juampi llevó a su amada a su hogar. Su padre, al ver a la joven vestida con sencillez, se alteró en extremo.
―¿Quién es esta mujer? ―le preguntó.
―La mujer de la que te hablé, a ella es a quien amo, padre ―respondió el joven, decidido.
―¿Qué acabas de decir? ¿Cómo puede ser esta la mujer que dices amar? ¿No vez su condición acaso? ―y dirigiéndose a la joven, le mostró la realidad con palabras duras y ofensivas.
Norima no aguantó la humillación, el dolor de la impotencia la hizo arrodillarse ante el cacique, y sumida en llanto pidió disculpas por haberse fijado en quien no debía, pero que por favor dejara ya de agraviarla pues en su vientre llevaba un regalo de los dioses: un hijo.
El cacique montó en una cólera brutal.
―¡Fuera!, ¡fuera! ―empezó a gritar. La mujer del cacique intervino a tiempo, antes de que sucediera alguna desgracia.
Lo que más temía el cacique era que se cumpliera la maldición, aquella que le fue revelada por un anciano el día del nacimiento de su hijo. Nadie sabía de qué se trataba, solo el cacique. El día que se enteró de ello, el cacique ordenó ejecutar al anciano, y desde entonces guardaba el secreto para sí.
―Debe morir la joven ―le dijo esa noche a su mujer.
Juampi, enterado por su madre, decidió fugarse con su amada. Partió lejos, con rumbo desconocido. En otro pueblo, donde nadie los conocía, cultivaron la tierra para subsistir. Así pasaron los nueves meses del embarazo.
Una noche fría y tormentosa, el bebé nació. Fue un varoncito fuerte, sano, a quien cargaron con alegría. Sin embargo, conforme pasaban los días notaron que tenía los pies desiguales. Cuanto más se desarrollaba, más cojeaba. La pierna más corta parecía ir tomando forma de pezuña.