Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
Todos estaban felices; los árboles y sus flores se movían balanceados por un suave viento, que arrullaba la noche.
―¿Por qué están presentes todos los animales? ―pregunté al viejo amigo.
―Cómo no va a invitar a todos si el chullachaqui se transforma en venado, sajino o cualquier otro animal del monte. Es el guardián de los bosques; castiga a la gente que rompe el diálogo humano con el monte, llevándoles a lugares de difícil acceso, los deja solos y perdidos, no es posible encontrarlos.
Acomodándose recostó su espalda sobre un delgado tronco de pinsha-caspi, luego continuó:
―Mi sobrino era medio travieso, cualquier animal nomás mataba. Un día se le presentó en el monte “vamos por acá, hay harto animal”, le dijo, y lo llevó por el chontal. Le buscaron duro, le llamaban siguiendo las trochas. Después de tres días lo encontraron. Pero él corría, no se dejaba agarrar. Luego lo amarraron y cargando lo llevaron a la casa de Pedro Wesher. Ese brujo le ha curado.
Llevando el dedo índice hacia la boca hice que el viejo Natividad se quedara en silencio. Ambos nos quedamos como clavados en el suelo, la fiesta había terminado; los esposos se perdieron en la oscuridad y el monte recobró su encanto silencioso. Libélulas y mariposas volaban mientras el cielo parecía cubrirse con estrellas titilantes.
Tiritando de frío, me desperté mojado en sudor.
Julio Orellana Vela
Seudónimo: Miguel Alejandro
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