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Índice del libro

Al llegar a la ciudad, no eran más de cinco soldados, un monje y el indio que estaba con los pies heridos; entonces Hernández llevó al cuartel de campaña a los sobrevivientes para que fueran atendidos. Mientras esto pasaba, él cayó desmayado frente a la cocha de Suchiche.

Percy Alexander Flores Navarro

Seudónimo: Aleksandr

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Crónica de un sueño mojado

A unas cuantas horas de caminar desde su tambo, don Natividad tiene una gran extensión de monte alto que rodea a una laguna cuyas aguas se vuelven policromadas al reflejar el colorido bosque que se pierde en la inmensidad del horizonte, envolviéndose en las nubes albicelestes.

―Vamos a mi chacra, profe.

Al escuchar la cordial invitación del octogenario amigo, una inmensa alegría inundó mi espíritu. Recordé los infantiles años que pasé junto a mis padres; pensé que caminaría sobre la hojarasca húmeda y caliente, hundiéndome hasta la rodilla y sintiéndome parte del monte.

Con mucho cariño había que recordar también que mis padres fueron chacareros; fui criado así, con olor a hierba y tierra mojada, unidos en el momento de comer y de dormir, cobijados por las cálidas manos del amor filial que ellos profesaban.

En la chacra nos curaban con hojas y lianas, trituradas y estrujadas con esmero y dedicación maternal, con purgas y dietas nos limpiaban y libraban de muchos males. Con los peones caminaba por el monte virgen, ahí estaban el sajino, el venado, el majás, el pijuayo, la shicashica y la manchinga. Había un profundo respeto por el monte y los animales.

No había mercados ni tiendas, del monte sacábamos todo y comíamos. Ahí también estaba la ayahuasca, el ajo sacha, el sangre de grado, el ojé, cuyas resinas o leches, como decían nuestros abuelos, provocan visiones en los humanos y poseen grandes poderes curativos.

Ya en la chacra, luego de descansar unos minutos, don Natividad continuó:

―El monte y el agua... ¡tienen su espíritu! ...para andar por estos montes hay que estar preparado. A mí me preparó don Pedro Wesher, me hizo purgar y dietar, tempranito me bañaba con ajo sacha... dizque... para parecerme al monte y ser parte de él.

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