← Mis librosLectura gratuita
Índice del libro

―¿Quién es usted y qué hace a esta hora por aquí?

El hombre se detuvo, y lentamente se volteó para ver la otra orilla y caminó hacia el trapo con fuego. Mientras se acercaba, uno de los soldados dijo que el hombre estaba cojeando de un lado de la pierna; al escuchar eso el indio dijo que se trataba del chullachaqui. El hombre, ya con el rostro iluminado y mirando hacia la tropa, sólo sonrió, dio media vuelta lentamente y regresó; ante esto, Castilla dejó de preguntarle mientras atrás el teniente Hernández hizo un disparo al aire y al instante, todos asustados se echaron al suelo. Hernández, quien no se echó, pudo ver entre el humo de la pólvora que aquel hombre había desaparecido en ese momento. Al notar eso, el mayor Castilla le gritó al teniente:

―¿Pero qué habéis hecho, Hernández?

El teniente, mirando alrededor, se puso en posición de combate y con la voz muy débil dijo:

―Estamos a punto de iniciar una lucha...

En aquel momento todos los hombres se pusieron de pie y alistaron sus armas.

El viento empezó a soplar con mayor fuerza y se podía escuchar pasos en cantidad que venían muy veloces y sobre los árboles se notaban movimientos; señal de que los duendes estaban sobre las tropas. Ese mismo momento los soldados avistaron duendes sobre las ramas que poco a poco bajaban del árbol; el indio que estuvo de guía empezó a escapar por donde vino.

Mientras los soldados iban detrás de él haciendo disparos hacia los duendes que los seguían, algunos hombres cayeron al ser alcanzados por diminutas flechas envenenadas. Los monjes empezaron a usar la biblia como escudo sobre sus cabezas; el teniente Hernández pudo ver cómo el mayor Castilla y sus demás compañeros eran agarrados por varios duendes quienes, con una brutalidad natural, empezaron a sacarles los ojos y arrancar cada extremidad para dejarlos inmóviles. Los sobrevivientes bajaban ya la colpa y podían notar por la luz de las antorchas dejadas, hechiceros que iniciaban sus ritos frente a los cuerpos de los españoles agonizantes. Era el inició de los demonios que cuidarían los bosques con posterioridad.

COPIA PERSONAL · ·
36 de 10035%