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Índice del libro

―La tropa puede irse al cuartel de campaña, pero usted, Hernández, esperadme aquí un momento que volveré para dialogar... ―respondió el capitán.

El otro oficial con voz de mando se dirigió a la tropa:

―Ya escucharon los demás, ¡patrulla, andando!

El mayor Castilla, quien estuvo esperando junto al capitán que llegasen las patrullas, inició una conversación con Hernández sobre temas militares de poca relevancia. Luego de casi media hora, el capitán regresó totalmente mojado, molesto y preocupado. Comenzó a describir lo que había hecho en su ausencia.

―Hemos perdido a dos hombres de una patrulla hace un momento, en situaciones extrañas, debo ir inmediatamente a comunicárselo al Obispo y a nuestros superiores, Hernández, conversaré contigo mañana antes de que vayas con tu tropa a patrullar...

―Estáis pagando un precio alto por lo que hacéis en estas tierras al parecer... ―interfirió Castilla.

―Mayor Castilla, debéis venir conmigo ahora mismo, ya no quedan patrullas que esperar, iremos a comunicárselo al Obispo, es una situación de emergencia ―respondió el capitán, tratando de cambiar de tema.

― Vale... ―respondió Castilla.

―Entonces Castilla, debéis ir anotando lo acontecido para entregárselo a los superiores y autoridades de la iglesia... es hora de marcharnos. Hernández, ve a tu campaña, mañana de todas formas conversaremos tus temas pendientes ―observó el capitán antes de irse.

El teniente Hernández se despidió. Minutos después y mientras se retiraba al cuartel de campaña, observó a un viejo indio en medio del camino, esto hizo que sintiera una extraña sensación de miedo e inseguridad; de repente, el hombre dijo:

―¡La madre selva manda a sus hijos a botar invasores!

Hernández se detuvo frente a frente y con mucha cólera trató de sacar una soga de su bolso; sin embargo el miedo venció su cólera y siguió caminando despavorido y más rápido cada vez.

Al día siguiente en la formación en el cuartel de campaña, los altos mandos militares españoles del lugar, junto al Obispo y demás autoridades católicas se pronunciaron por los sucesos de la noche anterior frente a las tropas, incentivando más cuidado y un estado de alerta ante cualquier situación similar, luego se retiraron.

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