Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
―Lo que la naturaleza te regala debes cuidarlo. Heriste el alma verde y hoy con mi tristeza me alejo de ti a otros bosques vírgenes.
Al disiparse como el humo, el alma del chullachaqui creó en el cielo grandes remolinos cuya fuerza mágica destrozó bosques, arrastró rocas, y juntó a las nubes cuyo espesor embadurnó de negro lluvioso la tarde. Con la conciencia abrumada de culpa, grité a mil mi pena y lloré descontroladamente agarrando la pierna envenenada hasta desmayarme. Al despertar de mi letargo, las ramas del pequeño tronco que temprano podé y remojé en complicidad con el aire, acariciaban mi mejilla. Sumido en mi tristeza con la brillazón de mis ojos, correspondí su amor...
―No sé cómo llegué hasta aquí, sólo sé que el chullachaqui fue bueno conmigo ―le habló a su soledad, luego de volver al presente.
Mientras la chicharra, adherida en una de las ramas del cuerpo de la ochabaja, con su canto atrae a las mariposas hacia el frondoso árbol; quién sabe, el chullachaqui le dejó a Abicho como consuelo el valor de la vida.
Reymer Paima del Águila
Seudónimo: Shantaco
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