Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
―Sí pues y ahorita comienza la lluvia, acabo de sentir una gota.
Un trueno confirmó las palabras de Lucho, un trueno y la poderosa lluvia comenzó a golpearlos.
―Por acá ―indicó Lucho, y trataron de subir una pronunciada ladera. Dos, tres, cuatro pasos y Ñato resbaló, Lucho lo cogió del brazo y se rieron tratando de ocultar su nerviosismo, Lucho jaló pero Ñato no pudo levantarse y se dio cuenta que las raíces de los árboles comenzaban a envolverle las piernas.
―No, no, no, no.
―Cálmate, aquí traigo mi machete.
―Brujería, hermano, brujería...
¡Zas!, el machete cortó las raíces; pero estas se multiplicaban, se estaban llevando al Ñato. Lucho levantó su machete, apuntó y Ñato fue jalado por las raíces hacia el monte dando un grito que se escuchó por todo el cerro Escalera; su compañero cayó sentado y comenzó a buscar desesperadamente una ruta de escape para regresar a la casa por ayuda. Volteó y ante él estaba un camino que no había visto, comenzó a correr desesperadamente y un golpe en la frente lo detuvo.
Se agarró la frente, la cabeza le daba vueltas, un viejo se le acercó y le dijo “vete, nuestra madre no los quiere aquí”.
―Vas a morir, viejo, vas a morir...
―¿Yo? ―sonrió al momento de abrir el manto que lo cubría y dejar ver sus peludas patas de venado ―han lastimado a mi hermano y han invadido su casa, cuido lo que es mío.
El chullachaqui lo levantó de los pelos y le mostró un árbol; el árbol giró abriendo su copa y en lo alto Vitocho y el Ñato estaban desnudos, amarrados con ramas, azotados y colgados de los cabellos.
―Vete, eres libre, vete y dile a tu gente que no regrese.
Lucho cayó desmayado.
Al día siguiente Lucho despertó abruptamente. Se encontraba de nuevo en la cabaña de don Ishaco. Al instante se levantó, se tocó la herida en la frente, cogió su hacha y salió furioso; en su avance, vio un enorme árbol y se dirigió hacia él.