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Índice del libro

Su tía guardó silencio. Ya no tenía fuerzas, sabía que pronto todo iba a cambiar. Entonces decidió hablar:

―A unos años que te fuiste, sucedió algo terrible. Las personas empezamos a devastar el bosque desmesuradamente, sin misericordia. Fue cuando aparecieron esos seres extraños; en algún momento escuchamos hablar de ellos, pero nunca creímos que realmente existieran: los chullachaquis. Trataron de defender lo que según ellos les pertenecía. Fue entonces cuando empezamos a perseguirlos y destruirlos. Pero uno escapó y buscó la forma de sobrevivir. No sé cómo ni en qué momento se metió a esta casa… y se apoderó del espíritu de mi esposo. El cuadro que ves en la sala lo pintó tu tío; aquella criatura se lo ordenó y ahora vive en él, así nadie lo encontraría. Lo peor es que creo que ha hecho contigo lo mismo que hace algunos años hizo conmigo. Te ha poseído mientras dormías, y si te quedas, lo seguirá haciendo sin que puedas evitarlo. Y luego te transformarás en uno de ellos como ahora me está sucediendo. Pronto dejaré este lugar y me uniré a él, es ineludible.

Camila estaba horrorizada.

―Eso no puede ser, solo fue un sueño.

Su tía interrumpió su relato, estaba muy agitada. Pidió un poco de agua; luego de beber, continuó:

―Lo mismo creí. Tu tío pasaba horas encerrado en la sala hablando con ese retrato, no salía ni para comer, y yo no podía ayudarlo, con desesperación veía cómo se iba consumiendo. Luego empezaron a suceder cosas extrañas; las personas desaparecían misteriosamente, por lo que se fueron dejándolo todo y terminamos solos. Yo quedé a merced de esa criatura. Siempre creí que solamente eran sueños. Mientras dormía lo veía salir del cuadro y acercarse a mí, no podía distinguirle el rostro, solo lo sentía cerca y poseerme. Comprendí que no era un sueño cuando quedé embarazada; tu tío hacía tiempo que no dormía conmigo, estaba completamente trastornado; además yo nunca pude tener hijos. Entonces no había otra explicación, y mis sospechas se confirmaron cuando nació mi hijo: idéntico al personaje del retrato. Sentí una terrible desesperación, traté de destruir el cuadro, intenté despedazarlo, quemarlo, pero fue inútil, siempre aparecía en el mismo lugar, mirándome con esos ojos penetrantes. Agarré a ese niño y lo abandoné en la selva, no podía tenerlo aquí y no tenía valor para matarlo; también es mi hijo y lo alimentaba a escondidas.

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