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Índice del libro

Al ingresar a la casa, Emilia buscó a su tía; el lugar estaba sucio y olía a humedad. Luego de llamarla varias veces escuchó que le respondía con una voz apagada, casi inaudible. La encontró recostada en una tarima sin colchón, casi esquelética. Abrió los ojos y le sonrió:

―¡Qué bueno que vinieras! ―le dijo― estás muy hermosa.

―¡Tía, vine por ti! ―respondió emocionada.

―No, hija, yo no me iré de aquí.

― Claro que te irás, yo te cuidaré ―insistió.

―Estoy muy enferma y cansada. Pronto me iré. Pero tú no debes estar aquí, aléjate lo antes posible ―su tía empezó a inquietarse, muy nerviosa ―¡Aléjate, no te acerques a él, aléjate del cuadro! ―le repetía con insistencia.

―¡Cálmate, cálmate, tía! Descansa, mañana hablaremos.

Salió de la habitación dejándola dormida. Recorrió el lugar recordando su infancia, nuevamente se topó con aquel retrato y le invadió el mismo temor.

Ya por la noche, Emilia estaba cansada y decidió acostarse. Ingresó al lugar que fue su habitación por mucho tiempo, sus cosas seguían allí, tal como las había dejado. Apagó la alcuza y no tardó en quedarse dormida.

Despertó sobresaltada, estaba sudando… y desnuda. No entendía qué había sucedido e intentó comprender. Recordó su sueño: alguien había estado en su cama; no recordaba su rostro pero sí sus caricias, sus besos, y cómo ella correspondía con mucha pasión. Si solo fue un sueño, entonces por qué estaba desnuda, eso la confundía. Se vistió apresuradamente y fue donde su tía. Ella todavía dormía y se la veía muy débil. La despertó y le contó lo sucedido.

―¡Te lo dije, debes irte de aquí! ¡Él te hará daño como lo hizo con nosotros! ―gritó su tía.

―¿Pero de qué hablas, tía? ¡No entiendo!

―Sucedieron muchas cosas después que te fuiste. Es mejor que te alejes, este ya no es el lugar que tú conociste.

―¡Necesito saber qué sucede, tienes que contármelo, tienes que hacerlo, por qué tuve ese sueño que parecía tan real! ―insistió Camila.

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