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El retrato

Emilia ingresó a la sala y su mirada quedó clavada en aquel retrato. Estaba ubicado justo al frente de la entrada, era inevitable encontrarse con él, su presencia resultaba imponente. Se fijó en esos ojos rojizos y no pudo evitar sentir temor. Se trataba solo de una pintura pero se veía tan real. Era el único cuadro en aquella sala lúgubre y fría, además de un escritorio y un par de sillas.

Ella regresaba luego de quince años de ausencia. Sus recuerdos eran muy vagos: el bosque, la abundancia de árboles y el río contiguo a la casa. Ahora el lugar estaba desolado, con tierras infértiles; ya no existían extensos y productivos sembríos, ni esa vastísima montaña llena de árboles, de misterios y personajes feéricos. Se percibía tristeza y nostalgia por todos lados.

Cuando Camila vivía allí, existían vecinos que residían cerca, aunque pudo notar que ya no estaban; por alguna razón se habían ido dejando sus sembríos, sus casas, solo sus tíos decidieron quedarse. Ellos la habían criado desde muy pequeña cuando su madre falleció. No eran sus tíos realmente, eran unos vecinos que la criaron como hija suya, pues no podían tener hijos. Al crecer decidió irse, buscar un mejor porvenir y luego regresar por ellos.

Y así lo hizo, pero únicamente encontró a su tía, quien estaba sola y enferma. El tío murió hacía algunos años de una rara enfermedad; la locura se apoderó de su mente.

Aquel ser corría desesperadamente buscando un refugio, era el único que quedaba, no podía avanzar porque cojeaba, además la escasez de árboles no le permitía esconderse, por lo que estaba expuesto ante sus perseguidores. Estos no le daban tregua. Los demás ya habían sido exterminados día a día, al igual que esa inerme espesura. No tuvo otra alternativa que arrojarse al río, era eso o dejarse atrapar.

Logró escapar esta vez. Cuando estuvo seguro de que ya no lo perseguían, salió del río y se escondió en un hoyo al pie de un árbol; era pequeño y cabía en él. Esperó que cayera la noche; sigilosamente se acercó a la casa más cercana y se ocultó allí mientras ganaba tiempo para conspirar, sabía que en ese lugar no lo buscarían.

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