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Índice del libro

Wilter abrió sus ojos, ahora se encontraban en un lugar diferente. Por un segundo creyó que toda la pesadilla había pasado, pero no era así. Por el brillo amarillento recordó donde estaba. Su amigo también despertaba, pero una voz desde de la cueva les apuró a irse presurosos por el oro. Cada uno fue al lugar donde perdieron el tesoro. Palermo llegó a la laguna; apenas se podían ver las monedas y empezó a recogerlas haciendo un montón a un costado del agua; estaba desesperado, era imposible juntarlo todo; algunas ranas se acercaron a mirarle. De pronto tuvo una idea y les pidió ayuda; nadie le aceptó, salvo una que le ofreció ayuda a cambio de que prometiera respetar y cuidar la vida de los animales por siempre. Ante eso, se quedó pensando pero luego habló: “En todo este tiempo he aprendido el valor que tienen todos los animales, y que también podemos compartir la riqueza de la madre tierra sin peleamos. Reconozco que somos culpables por todo lo que hicimos en el pasado, pero ahora quiero cambiar las cosas… Juro por nuestra madre tierra que respetaré la vida de los animales y los cuidaré”. Estas palabras convencieron a todas las ranas y le ayudaron a juntar hasta la última moneda.

A Wilter le fue mucho peor; encontró todo el oro desparramado, la mayoría dentro de las grietas profundas, aun así empezó a juntar las monedas. Estaba en eso cuando escuchó un pedido de auxilio, era una serpiente atrapada en una enorme rama. No le quiso dar importancia y continuó con su trabajo; los gritos lastimeros no cesaban, entonces tuvo compasión y pensó: “le sacaré y volveré en un instante”. Corrió hacia el animal y levantó la rama sin mucho esfuerzo. La serpiente huyó rápidamente al sentirse libre, pero para desgracia de él, había pasado por encima de la parva que estaba haciendo, la cual se desparramó por un hoyo profundo debajo de la enorme roca. Se quedó sin aliento… era imposible mover la roca, ni con toda esa fuerza que poseía. Entonces se sintió perdido y sólo juntó lo que pudo… Recordando las palabras del dios selvático, se resignó para sentarse junto a la parva del tesoro. Muy pronto empezó la aurora y la luz del día comenzaba a aparecer.

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