Tres grandes libros

La presente lista es una clasificación que responde enteramente a mi criterio y gusto personales. No he tomado en cuenta otra literatura que no sea la de habla hispana y el único género en el que me he centrado es el narrativo, específicamente la novela.

Debo decir que cada libro no es más importante que otro, puesto que cada cual tiene lo suyo y se centra en temáticas diferentes.

No me voy a detener tampoco en los laberintos gestados en el sinnúmero de técnicas y figuras literarias que componen la literatura contemporánea, porque hoy por hoy, el estudio especializado y el análisis profundo de una obra, responden a una quimera de pocos soñadores. Entonces ¿para qué complicar a los probables lectores? No es ese el objetivo de este artículo; más bien sí lo es motivarlos.

El primer libro elegido es “Cien años de soledad”. El título, el inicio, la gran cantidad de personajes y el desenlace de esta monumental obra del extinto autor colombiano Gabriel García Márquez, hacen que la lectura de cada página sea exquisita. Los personajes tienen vida propia, los escenarios precisos se dejan ver cual fotografías de un álbum bien elaborado y, en suma, el libro es un compendio de técnicas, figuras y símbolos que navegan en un río sinuoso de personajes genuinos, a la medida, en oraciones aptas para cualquier lector entusiasta. “Cien años de soledad”, de título perfecto, es imperdible. Si no lo ha leído, léalo.

El segundo libro (el primero latinoamericano, este peruano), es, de lejos, el más trascendental en la historia de nuestra literatura: “El mundo es ancho y ajeno”. Qué prodigioso y prolífico ha sido su autor, Ciro Alegría Bazán, autor de “Los perros hambrientos” y “La serpiente de oro”. Se trata de un libro que, desde el comienzo —el encuentro con una serpiente es una premonición fatal—, genera la sensación de tragedia. Y desde luego, es un libro trágico; sin embargo, la belleza anida entre las espinas, en los cálidos desiertos, en el profundo mar. Leer la historia del “Fiero Vásquez” y su indumentaria oscura, o detenerse en el gigante que lo acompaña, o seguir de cerca la expedición de los exploradores a la selva en pro de la explotación del caucho, o cruzarse con una serpiente con soroche, o tener cerca a un personaje que se conoce un diccionario completo…, y más, centenares de páginas bien escritas, diría hasta con un lenguaje poético, hacen de este gran libro un objeto interesante, ideal para entretenerse al máximo, y para indignarse también. Como en “Paco Yunque”, aquí tampoco hay victoria. Para terminar este abreviado comentario, me queda decir que, la mejor adaptación de nuestro personaje amazónico “chullachaqui” (recogida de la extraña novela Sachanovela, de Augusto Velarde), la encontré en este libro. Y esas historias que nos contaban los abuelos sobre la enemistad eterna entre el zorro y el conejo, ni hablar, qué formidable y completas están aquí, aunadas.

El tercer libro (de la Amazonía), le corresponde a “Selva trágica”, del autor de “Sangama”, Arturo. D. Hernández. Tuve el gran placer y honor de contactarme con el hijo y publicar esta novela, para suerte mía. Reitero que esta lista responde a mi criterio personal. Para muchos “Sangama” lleva la delantera, aunque sucede que “Selva trágica” no ha tenido la difusión que se merece y por ende no mucha gente conoce su contenido. Es la mejor novela que he leído sobre la Amazonía, sin duda alguna. Hay otras como “Las tres mitades de Ino Moxo”, “Paiche”, “La virgen del Samiria” de Róger Rumrrill y decenas de otras más que no dejan de ser interesantes, sin embargo, la magia de Arturo D. Hernández no tiene comparación. Esta novela narra las aventuras de Mariana, una mujer mestiza raptada por los fieros capanahuas, una civilización aislada y antropófaga. Es curioso lo que se lee en este libro, porque, para empezar los capanahuas llevaban el control y para nada eran tontos; por el contrario, se burlaban de los blancos a quienes raptaban. Recuerdo una escena cuando observan la torre Eiffel en una postal: cómo diablos va a ser más grande que la lupuna esa torre, y seguro que sirve para treparla, sentenciaron seguros. Otra escena: la casa de los diablos, un lugar que alojaba a los lisiados y deformes pero que era secreta para las mujeres. Otra: la pócima para que los enemigos o raptados a quienes iban a comérselos, que los hacía reír y reír, u otra para que las mujeres sean sumisas…. En fin, en esta novela hay demasiado que conocer respecto a nuestra selva de antaño. Están invitados a leerla. Trazos tiene nueva edición para el deleite de todos los que la deseen.

Existen otros libros amazónicos contemporáneos que también valen la pena leer. Por ejemplo “Perdido en el Palometa” y “Huelga de hambre”, de Mardell Tello, “La tierra de los demonios”, “La guerra de los chullachaquis”, “Selva del alma mía” y otros más.  

Escribe: Miuler Vásquez

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